Empiezo a escribir el 22 de febrero, sábado. No sé si esto será parte, el inicio, de la crónica o de un cuento para amigos. (Por convencionalismo lo llamo crónica y cuento porque alguna parte más se asemeja al diario de a bordo de Star Trek)

Hoy ha tocado la tirada larga. Todos los años he hecho tres tiradas 28+: una de 28, otra de 30 y otra de 32 (más o menos). En ese orden, aunque no en tres semanas consecutivas. Pintaba mal para hoy. Este miércoles el entrenamiento fue uno de aquellos que hace que te plantees si quieres estar ahí. Si quieres esforzarte. Si quieres intentar mejorar marca. Si estás dispuesto a sufrir el día D. Dudas. Dudé tanto que jugué con la idea de amortizar las seis horas disponibles e ir trotando y saludando al público que acudiera a la cita. Las series me costaron. Los que estamos inscritos en el maratón teníamos que hacer 3000-1000-2000-1000. Yo, por arte de birlibirloque, transformé los 2000 en 1500. No creo que mi marca dependa de 500 metros. Casi todos los demás aguantaron, además a un ritmo superior al anunciado. Además las tres últimas noches he dormido menos de lo que me habría gustado. Ningún motivo especial. Y ayer por la tarde empezó un dolor de garganta. En la oficina pasé frío, debe de ser por eso. ¿O el cuerpo está intentando darme un mensaje? Ahimsa. Se sumaría a otras señales. Como el año que pensé que tenía apendicitis y se quedó en vulgar flato, o el que me el tobillo me hacía “cloc” y acabó inflándose. O la reciente y no confirmada tendinitis rotuliana, que no desaparece. La mantengo a raya, pero ahí está. Lo siento, cuerpo, toca correr. Aunque ahora no lo sepas, a la larga nos sentará bien.

Aunque no tenía mucha hambre, cené pasta y salmón. Lo dejé todo preparado: ropa, cinturón, geles, Garmin, música, incluso crema de protección solar factor 30. Este entrenamiento lo voy a hacer a conciencia. Voy a probar dos geles, a ver qué tal me sientan y también a ver cómo se llevan en el cinturón (muchos corredores deberían hacer la prueba, en la de Sant Antoni podría haberse montado una paradita con todos los que vi por el suelo). También quiero ver qué tal me sientan las medias compresivas durante larga distancia. El año pasado pensé comprar unas… pero se quedó en el mundo de las ideas. Xavi me ha explicado brevemente sus beneficios y me ha gustado, así que me he hecho con unas.

Me he despertado antes de que sonara la alarma. El dolor de garganta no se ha ido. Ya tenía ganas de que llegara este día. Para quitármelo de delante. Sí, no parece un razonamiento muy constructivo, pero es honesto. Los 30 me costaron. Acabé con la sensación de no haber podido correr ni 100 metros más. Volvamos a hoy: después del desayuno me he disfrazado de corredora y he salido. A las 7:30 el día apunta bonito, fresco pero soleado, según la predicción. El termómetro del coche marca 8ºC. Cuando dé el sol será agradable. Las temperaturas altas mejor para chapuzones en la playa. Pocos ejercicios de calentamiento. Tengo tres horas para calentar.

Me pongo en marcha. Como siempre, tranquilita. Respiro bien. No hay casi nadie. Noto frío en los brazos. Ya se pasará. Enseguida voy a ritmo. Según Helena debería intentar ir a 5’25” (o eso dijo para los 30). Desde hace semanas, seguramente meses, el terreno está incómodo. Hay piedras, demasiadas y demasiado grandes. Y me doy cuenta de que no estoy haciendo ejercicios para reforzar tobillos. Tomo nota para ponerme las pilas en los días que me quedan. La ciudad despierta. Veo la salida del sol. No pienso en nada, o en nada en especial. La música ayuda a que el tiempo corra y las piernas vayan solas. Creo que pasaré el puente de madera dos veces. Me gusta correr ese pequeño tramo. Los kilómetros entre la casa de las Aguas y el puente sobre la carretera es mi favorito, en los dos sentidos, por supuesto; y el puente de madera es lo mejor. Ya me queda poco. Beberé algo. Espero que el chorrito tenga un poquito de fuerza, y no como la última vez. Los brazos siguen fríos. Calculo en qué kilómetros tengo que tomar los geles. Yo creo que en el 13-14 y 24-25. Sí, eso haré. Inicio la vuelta.

Tengo que modificar las lista de canciones para el día del maratón. Alguna habrá que eliminarla, tengo mejores opciones. Más animadas y menos sobadas, que algunas empiezan a resultarme pesadas. Ya queda poco para tomar el primer gel. Me apetece. Tengo ganas de algo dulce. Y además me sentará bien. Los músculos lo necesitan. Yo lo echaría en falta. Lo cojo con una mano. Estiro con la otra mientras sigo corriendo. Nada, no se rasga. Vamos. Nada. No quiere abrirse. Socorro. Tengo las manos y sobre todo los brazos fríos. No acierto a hacer el movimiento correcto. Sigo corriendo. Muerdo y estiro. Nada. Crisis. Empieza un corto episodio de desesperación. Me paro. Muerdo y muevo la cabeza de un lado a otro, a lo perro. Por fin se abre. Tengo gel en una mano y en el pelo. De color púrpura nada menos. Lo tomo. Está bueno. A ver qué tal me sienta. Estoy pringosa. En la próxima fuente paro. Pues menos mal que lo he probado. Está descartado. No voy a arriesgarme a que me pase esto. Bueno, nada. Ahora a seguir. Doy media vuelta unos metros antes de llegar al parking.

Aún pocos corredores o ciclistas. Muchos a los que veo habitualmente hoy no están. El día no es tan soleado como apuntaba. No disfruto del calorcito en los tramos abiertos. La gravedad me hace correr como un acordeón, así que me repito “mete abdominales” y “cadera arriba” para mantener una postura correcta. Vuelvo a parar en una fuente y a mojarme porque la mano sigue pegajosa. Las sensaciones son buenas. Las piernas van solas. La respiración acompasada. Es una suerte. Realmente uno de esos días buenos. Lástima que no todos sean igual.

Otra vez en el final del recorrido. Último tramo. Llegados aquí, no puede pasar nada. El final siempre sale. Pasado el repechoncito del km 7 tomo el segundo gel. Se abre bien. Me resulta algo pastoso, espeso. Vaya. Menuda suerte tengo hoy con esto. Pero de eso se trataba, de evitar sorpresas llegado el gran día. Me lo tomo a poquitos. Ya solo faltan 5. ¿Cuántas veces he hecho estos últimos 5? Tantas. Ya lo sabes, ahora sí que está hecho. Me cruzo con Joan. Como otras veces, solemos coincidir cuando ya estoy acabando. Me encuentro bien. No estoy agotada. No sufro. Eso sí, empiezo a notar los repetidos impactos en los pies. bumba-bumba-bumba. Otro ejercicio que hace tiempo que no hago: rodar la pelotita. Hay que prevenir. Lo añado a la lista. Termino. 32,6 a 5’20”. Me adivino una sonrisa. Ya está. Ahora los entrenamientos van a ser mucho más cortos.

En casa estiro y tomo una ampolla de magnesio líquido. Acabo la ducha con agua fría por las piernas. Creo que lo he hecho todo. Y me doy cuenta de algo. Menudo dilema. Te ha ido fenomenal, ¿los geles habrán tenido algo que ver? Pues a ver cómo lo soluciono. No sé qué hacer.

Martes 25. Cardiólogo. Cita anual para que me dé (o no) el visto bueno. Me pregunta qué tiempo quiero hacer. Le digo el que a mí ya me parecería bueno y el que dicen los entrenadores, 10 minutos menos. Me recomienda que no me pase. El electro sale “normalísimo”. Día 16, allí estaré.

Miércoles 26. Quedo con Marc, el fisio sedentari oficial, para el domingo anterior a “la gran cita” (palabras de Karim). Irá bien que me descargue musculatura.
No me apetece nada ir a entrenar. Nada. Toca repetir el test de los dos seismiles. Es casi seguro. Helena dijo que sería tres semanas antes del maratón. Pues ahí estamos. No quiero. Llegamos antes al pabellón para cumplir el trámite de la huella. Se levanta un aire guarro. Está desapacible. Sí, sí, nos vamos a tomar algo por aquí. Yo haré el test mañana, por mi cuenta. Finalmente nos quedamos. Rodaje y a la pista. Ni técnica de carrera ni abdominales. No hay tiempo para eso. Yo sigo con mi cara de desgana y contrariedad. De profesión quejica. Escuchamos los tiempos a los que tenemos que ir en la primera vuelta. La segunda a tope. Voy sola. No hay nadie que tenga el mismo objetivo que yo. Es bastante rollo, aunque creo que con lo metódica que soy y lo acostumbrada que estoy a correr sola lo hago bien. Dos minutos de descanso. Segunda vuelta. Nada de a tope. Si lo hago a 4:45 ya es suficiente. Los entrenadores y el grupo me animan. Supongo que se dan cuenta que es algo coñazo. Lo agradezco, aunque no diga nada. Hecho. Ahora me alegro de no tener que hacerlo mañana.

Faltan 16 días. Me invento un entreno de series. ¿Las últimas? Ya veremos. Ajusto el Garmin para que muestre el ritmo medio.
Faltan 15 días. Preparo la lista de música. Cojo algunas de Xavito.
Faltan 14 días. Tirada de 18. No voy tan pronto como otras veces. Tengo suerte de encontrar sitio donde dejar el coche porque la Urbana no ha abierto el acceso a la carretera. Voy con guantes y chaqueta. Quiero hacerlo rapidito y en progresión. A ratos me sobra ropa, pero no quiero coger frío. No hay manera de sentirse bien. Respiro incómoda. Debería haber empezado suave. El frío y el aire me hacen lloriquear, y eso que llevo gafas. Pasado el 4 pienso en Hasna. El fin de semana pasado no la vi. Y, oh casualidad, allí aparece, tras la curva, sola, ¿o con los dos que se ven detrás de ella?, va estupenda. Y me acuerdo otra vez de que mi postura no es tan estupenda. Subo cadera. Hoy sí hay bastante gente. La habitual para un domingo antes de las 9. Sí he estado haciendo rodar pelotita, pero nada de reforzar tobillo. Maja, espabila. Te quedan dos semanas para acabar de prepararte bien. Otra vez Hasna. Ha debido de hacer unos 8.5 mientras yo cubría 7.5. Me pregunto si le cuesta. Aunque aprieto los últimos kilómetros, la media sigue por encima de 5’00”. Paro en 19 a 5’01”.

Incluyo alguna ampolla de magnesio más durante estos días. Dos o tres por semana, para complementar el natural. Se supone que no va mal y ayuda a prevenir calambres, etc.

Manuel dice que quizá vaya el domingo en bici para verme en algún punto. Si lo hace será genial, aunque creo que le puede ser un rollo por la gente que puede haber.

Miércoles 5. El grupo de maratonianos de ProRunners está fuerte. ¡Vaya si lo está! Unos cuantos van a intentar 3h30′. Seguro que muchos lo consiguen. Están fuertes. Bromeamos con nuestros dolores e hipocondrías. Sería buena idea estar aislado en una burbuja para no coger ni un resfriado. En los pocos días que faltan se trata de evitar contratiempos tontos, como hacer un mal gesto o torcerse un tobillo.
El jueves y viernes hago amago de entrenamiento. Son pocos kilómetros. Un día rodaje, el otro series.

Sábado 8. Me peso, como cada semana. Horror. He engordado un kilo y medio. Prácticamente todo el otoño e invierno estable y ahora esto. Fenomenal, iré con la mochila a cuestas. Consulto el tema alimentación. Creo que me acuerdo de otros años, pero prefiero cerciorarme. Este fin de semana aún es dieta normal, pero a partir del lunes ya toca disociar un poco: primera mitad pocos carbohidratos y más proteína y segunda mitad al contrario. Me fijo bien para saber qué pedir cuando vaya de menú. Me escribe Iñaki. ¿Liebre? Como creo que los patines no están permitidos, sí, me irá bien tener liebre. Haré con Xavito los últimos kilómetros y con él los anteriores a esos.

Domingo 9. Quedan 7 días. Salgo pronto a rodar 12 km y luego vendrá Marc. Hace calor, y a Joan le ha costado unos minutos más acabar su media. A ver si tenemos suerte y el próximo fin de semana es algo más fresco.

El cambio de dieta más significativo son los desayunos de lunes a miércoles: en casa cambio el dulce por el salado, mermelada por queso; a media mañana sustituyo el café con leche por zumo de naranja natural king-size (el sitio al que voy solo tiene un tamaño), tengo a la camarera despistadísima.
El martes Karim nos envía los resultados del test: se confirma 3h40. Bien, se trataba de eso y de nada más. Así creo que me siento segura para hacer 3h50. ¿Quién ha dicho arriesgar?

Cambio de planes: Manuel estará en los mismos puntos que el año pasado, por C/ Numancia. Esta vez sin niños.

Lo dudo una y mil veces, música o no música, y aún no lo sé. Viernes anterior a la carrera y no consigo despejar la incógnita.
He seguido la dieta bastante a rajatabla. Incluso un día pedí una ensalada fuera de menú y de carta. Muy amables (porque llevo tres o cuatro años yendo allí casi cada día, me la prepararon. Ese mismo día no quise abusar de amabilidad ni parecer un bicho raro y la pechuga de pollo no la pedí acompañada de huevo duro.

Sábado 15. Alea jacta est. He hecho todo lo que se tenía que hacer. He corrido, bebido, comido y dormido lo que tocaba. Me siento un poco osito antes de hibernar. Tengo reservas para 42 km y más. Si no la acabo no será por no llevar la despensa a cuestas.
Me paso el día en plan zen. No hago nada. Mindful total.
Aún no he decidido qué zapatillas usar. Las tengo en exposición para ver si llega una señal divina que me ilumine. Las que tenía pensadas son más indicadas para temperaturas bajas, y parece que vamos a pasar calor.

Antes de cenar pongo a cargar el ipod por si decido llevármelo.
22h, a dormir…. continuará!

Reyes
El equipo de sedentaris